jueves, 24 de marzo de 2011

México y el pensamiento económico latinoamericano

Para Silvia y Carlos fuentes “Las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto, como cuando se equivocan, son más poderosas de lo que normalmente se piensa. En realidad el mundo está gobernado por poco más”.

Por: Francisco Suárez Dávila (Ex subsecretario de Hacienda)
EL UNIVERSAL
miércoles 23 de marzo de 2011, actualizado hace 22 horas, 49 minutos

Lord Keynes En días pasados tuve el privilegio de ser invitado por Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez para impartir una conferencia en el marco de la Cátedra Julio Cortázar. La dediqué a las aportaciones de México en el escenario de las ideas y las políticas económicas de América Latina.
Ciertamente los eventos mundiales, las revoluciones y modas del pensamiento han tenido importantes efectos sobre la región. Pero América Latina, a pesar de avances y retrocesos, momentos brillantes y trágicos, milagros y espejismos, ha sido un singular laboratorio de ideas y experiencias propias.
México ha estado en la vanguardia de las contribuciones a la teoría y la praxis del desarrollo desde el siglo XIX cuando Lucas Alamán creó el primer Banco de Fomento Industrial en 1830 y los liberales de la Reforma hicieron las primeras grandes "privatizaciones", aplicadas entonces a los bienes de la Iglesia en 1857. El Porfiriato realizó una aplicación eficaz modernizadora del modelo sustentado en las exportaciones de materias primas, que resultaría en un periodo de crecimiento de 3% anual, el segundo mayor de nuestra historia.
En México se gesta la primera gran revolución social del siglo XX। Cárdenas aprovecharía la lucha contra la Depresión para transformar al país. Llevaría a la práctica las ideas de la Constitución de 1917 expresadas en un auténtico Plan Sexenal, realizando verdaderas reformas estructurales: la agraria, con reparto de latifundios; la laboral, creando derechos sociales exigibles; la educativa, alfabetizando con maestros rurales y, la energética, expropiando el petróleo. En todas nos anticipamos a los países de la región. Fueron reformas profundas que nos permitieron avanzar económica y socialmente, aunque al pasar del tiempo se hayan agotado.
El "desarrollismo" mexicano nos dio casi 4 décadas de crecimiento económico acelerado sin crisis de 1935 hasta 1970, 6% anual, el más exitoso de nuestra historia, sustentado en la industrialización, un gran programa de infraestructura y una importante creación de instituciones, incluyendo los cimientos de un Estado de Bienestar Social, que los organismos internacionales elogiaron y varios países emularon. Cuando se agota el modelo de sustitución de importaciones no supimos hacer los ajustes necesarios hacia una economía exportadora, como sí lo hicieron los países asiáticos. Recurrimos al exceso de endeudamiento externo que al colapsarse detonó la "década perdida".
El modelo neoliberal que desembocó en el Consenso de Washington, pero que se inició en México (y en Chile) para enfrentar la crisis, también fue innovador con reformas estructurales para adelgazar un Estado obeso y orientar la economía hacia el exterior. Muestra fue el TLC, de audaz concepción, el más importante esquema de integración regional, después del europeo. Las reformas no se aplicaron bien, logran la estabilidad, pero no pueden reestablecer el crecimiento. Culminan con el "estancamiento estabilizador", severamente herido por una desatinada liberalización financiera que conduce a una gran crisis bancaria en 1995 y una banca casi totalmente extranjerizada, dejando nuestra economía "discapacitada".
México pierde terreno en el siglo XXI, a pesar de tener buenos indicadores en televisores y lavadoras. Somos una de las economías que menos crece en el auge de la mitad de la década, uno de los que más sufren la Gran Recesión de 2009 y, aunque ahora hay recuperación, no es de las más dinámicas. Varios trabajos recientes del BID, la CEPAL, el Banco Santander y The Economist auguran que ésta será la década de América Latina. La crisis tomó a la región mejor preparada en sus fundamentos económicos, y tiene una recuperación apoyada en materias primas con un comercio más diversificado. México va a la zaga. La vanguardia en ideas y políticas la tienen ahora Chile y Brasil que han sabido conciliar prudencia macroeconómica, sin dogmas, con una agresiva política social, generando crecimiento dinámico. Sus gobiernos formalmente de signos socialistas o social demócratas, han dado continuidad a sus políticas, pero ya no están capturados por la ideología. Buscan resultados. Abordan el sano pragmatismo asiático, expresado en la frase de Deng: "no importa si los gatos son negros o blancos con tal que se coman a los ratones".
Para concluir con una nota optimista, los "futurólogos" hacen proyecciones de largo plazo que favorecen a los principales países de América Latina. Chile, el alumno más destacado, puede rebasar pronto los umbrales de ingreso por habitante de país avanzado; Brasil, en una década puede ser la 5ª economía mayor del mundo —dicen que ya es— y México, aún con la inercia y sus grandes carencias sociales y educativas, gracias a la demografía y crecimientos modestos del orden de 4%, puede ser la 7ª.

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